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10 PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE EL CYBERBULLYING

Para entender de qué se trata y cómo podemos ayudar para que no se produzca y en el caso de detectarlo, cómo detenerlo.

El ciberacoso o cyberbullying es el uso de medios digitales para acosar a alguien de manera constante, con intención y duración en el tiempo. Es una manera de agresión muy habitual en la pre-adolescencia y adolescencia y se da en el grupo de pares, ya sea de la escuela o de un equipo deportivo u otro grupo de pertenencia. En esta relación se da undesequilibrio de poder ya que la persona agredida se siente en desventaja y no puede defenderse.

El bullying existió siempre entre las relaciones interpersonales aunque antes no tenía una palabra que lo nombrara Antes se creía que era “una consecuencia indeseada, un efecto colateral de la convivencia escolar”. Hoy en día ya no se piensa lo mismo y se necesita intervenir desde una mirada pedagógica y con estrategias grupales para que no se produzca o para detenerlo.

Con el auge de las redes sociales y el mundo virtual hay otra característica del bullying que antes no existía: este acoso sucede también en las pantallas. Hoy en día el mundo virtual es un continuo del mundo real y, por eso, las prácticas que antes se ejercían cara a cara ahora también suceden a través de las tecnologías. Este dato no es menor ya que trae consigo nuevas características de la práctica: por ejemplo, las burlas que antes solían ser privadas o limitadas dentro de un grupo de pares ahora son públicas.

Otra característica es la velocidad e intrusión con que llegan los mensajes agresivos a su destinatario. Los mensajes intimidatorios pueden enviarse a toda hora y desde cualquier lugar sin que quien los recibe pueda obviarlos ni evitar que le lleguen. Trasciende el ámbito escolar e incluso la ciudad de residencia de los involucrados.

Además, es mucho más fácil agredir detrás de una pantalla puesto que se puede ocultar la identidad en el anonimato con el uso de perfiles falsos o nicknames que ofrecen una sensación de libertad. y así es más fácil decir o hacer cosas que no se dirían o harían personalmente. Sin embargo el ciberacoso al darse mayormente dentro del grupo de pertenencia, no suele ser anónimo por mucho tiempo.

Hay muchos protagonistas fundamentales en esta práctica: los que lo padecen, los que lo producen y los testigos que forman parte del grupo de pares.

El acoso y ciberacoso se produce en una trama social, se arma una “escena” donde todos los integrantes del grupo tienen un papel y cumplen un rol. Sin embargo, estos roles no son fijos, pueden intercambiarse de un momento a otro.

Es clave mantenerse atento a los estados de ánimo de los chicos, chicas y adolescentes,  porque, aunque a veces les cueste hablar, dan señales específicas si algo malo les está pasando.

El acoso en las redes sociales se expone ante muchas personas y surgen sentimientos de vergüenza y baja autoestima en quien lo sufre. La persona acosada no puede ni siquiera aislarse en la intimidad de su habitación ya que seguramente allí también reciba las agresiones a través de su celular u otro dispositivo con Internet.

Algunos indicios que nos pueden ayudar a darnos cuenta de que algo malo sucede con nuestro hijo o hija son: la necesidad de aislarse o quedarse en soledad; angustia y tristeza; baja repentina del rendimiento académico;  no programar salidas con sus pares o no tenerlas; no querer  asistir a fiestas; no querer ir a la escuela;  mostrar signos físicos como inapetencia, dolor de cabeza, sueño, dolor de estómago, entre otros. Como ninguno de estos síntomas es exclusivo del acoso, solo deben leerse como un alerta de un malestar social que se traduce en un malestar físico. Se podrá comprender la situación que le perturba a través del diálogo o de ayuda profesional si fuera necesario.

Si nos enteramos de esta situación, lo más importante es no minimizarla, es decir, no restarle importancia. Es clave escuchar a nuestro hijo o hija y no pensar que exagera, darle la confianza suficiente para que pueda contar qué le sucede. 

Es importante también que nos comparta las pruebas de las agresiones, para poder llevarlas a la escuela. Recomendamos que la familia recurra a la institución educativa o hable con el responsable adulto del grupo donde se produce el acoso, para poder pensar juntos las mejores estrategias de intervención. No se recomienda que la familia actúe sola. También es recomendable que puedan consultar con algún profesional sobre cómo manejar la situación.

Las redes sociales ofrecen botones de denuncia y posibilidades de configuración de la privacidad que podemos usar para trabajar junto al niño o adolescente que sufre de un acoso, como el bloqueo de personas y el denunciar una publicación agresiva por ejemplo.

Además, existen organismos como el Observatorio de la Discriminación en Internet del INADI que ofrece una línea de denuncia en casos de discriminación.

En primera instancia se debe educar en el respeto por el otro y promover el concepto de igualdad y responsabilidad ante los demás. Si un padre o madre ve que su hijo/a agrede en las redes sociales debe hablar con él o ella para descubrir las posibles causas de su actitud y debe explicarle que ese no es el modo de canalizar su enojo o conflictos. Juntos pueden reflexionar sobre cómo se sentiría si la situación fuese al revés e insistir en la actitud de “no hagas en Internet lo que no harías cara a cara”. El siguiente paso a la reflexión será la reparación al que fue perjudicado, es decir poder hacer algo que demuestre su cambio de actitud con esa persona y para el grupo.

Es importante acercarse a la escuela para manifestar la preocupación ante este tipo de situaciones y encontrar la manera de ayudar a los chicos o adolescentes que está manifestando su vulnerabilidad agrediendo a otros.

Si bien no es un lugar fácil el de los testigos, hay que entender que forman parte necesaria de la escena del bullying para que se produzca y se mantenga en el tiempo. Por eso hay que transmitirles la importancia de que no se sumen en esa agresión, y que pueden ser parte de frenar el acoso a un compañero o compañera si desaprueban lo que sucede en vez de sumarse. No hacer nada no es una solución: Los chicos pueden frenar el acoso al no compartirlo ni difundirlo. También pueden denunciar el contenido que consideran violento o agresivo y realizar un comentario desaprobando la práctica del bullying.

Como familia, es muy importante lograr que sus hijos les cuenten o muestren cualquier situación de acoso en el grupo para que puedan pensar juntos los pasos a seguir.

Ninguna familia quiere que su hijo o hija se enfrente a una situación que pueda dañarlo. Por eso es importante favorecer espacios de diálogo para hablar sobre el uso del entorno digital y entender cómo son sus interacciones allí, cómo las viven y qué dificultades tienen.

En las redes sociales, es muy importante poder acompañar a los más pequeños en la configuración de su privacidad, alertarlos sobre los riesgos que pueden enfrentar, reflexionar juntos sobre los “amigos” que aceptan  y darles confianza para que puedan contar con su familia si algo los atemoriza o preocupa.

Debemos tener en cuenta que las redes sociales son espacios para mayores de 13 años, por lo cual no son lugares que cuenten con protecciones especiales para los menores.

Las recomendaciones que hay que darles a nuestros hijos e hijas para manejarse en el entorno digital son similares a las que se les da para vivir en sociedad. Por ejemplo, no aceptar ningún trato discriminatorio o violento, educar en el respeto, fortalecer la autonomía y empatía. Es importante que los chicos y chicas puedan ponerse en el lugar de la otra persona y hacerles entender el daño que ocasiona el bullying en las redes, para que no lo ejerzan. Compartir con ellos reglas de convivencia en la web para que no agredan y eviten agresiones o situaciones desagradables.  El acompañamiento es un factor fundamental.

La escuela en primer lugar debe trabajar desde la prevención. Esta se logra con programas de convivencia basados en valores, comprometidos con la realidad de los alumnos y alumnas. También deben incluir la educación para la ciudadanía digital, es decir pautas sobre los derechos y obligaciones de cada persona cuando interactúa en Internet, el cuidado de la intimidad, la publicación responsable de contenidos y la manera de comportarse con valores en las redes.

La familia, la escuela y los chicos y chicas deben trabajar juntos para detectar las agresiones y actuar para detenerlas, pudiendo identificar a alumnos y alumnas que no se sienten bien en un grupo yque dan señales de incomodidad, agresión, miedo o aislamiento.

Cuando el acoso entre pares se produce, los educadores deben actuar lo más rápido posible para detenerlo. Es indispensable establecer una sanción que sea considerada justa por los actores involucrados, para pasar a un segundo momento reflexivo y reparatorio.

Las TIC (tecnologías de la información y comunicación) borraron la frontera “interior-exterior” de la escuela y, aunque la agresión o el acoso hayan sucedido en el mundo virtual, los educadores y educadoras no pueden dejarlo de lado ya que se trata del mismo grupo de pares: y como ya dijimos, no hacer nada no es una solución.

NOTA DESTACADA

Entrevista a Carolina Duek. Nuevas tecnologías:
cómo lograr que no sean nuestras enemigas.

Carolina Duek es Doctora en Ciencias Sociales de la UBA y magíster en Comunicación y Cultura. En la actualidad es investigadora del CONICET y directora de proyectos en temáticas vinculadas con la infancia, los medios de comunicación y los juegos. Ver nota completa

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